Economías emergentes del fútbol; Brasil y el caso de Neymar

13 Mar

Horas después de la exhibición de Lionel Messi ante el Bayern Leverkusen en la Liga de Campeones, a miles de kilómetros del Nou Camp, la parte sur del planeta era testigo de  una réplica futbolística de no pocos quilates.

Neymar da Silva Santos Júnior, o simplemente Neymar,  la estrella del Santos brasileño, jugaba uno de sus partidos más inolvidables: tripleta al Inter de Porto Alegre, incluyendo dos golazos casi groseros, de esos que reparten sobre el suelo la dignidad del adversario.

Neymar bailó a sus rivales lejos de los campos de Milán, Manchester o Madrid. Lo hizo desde  el Urbano Caldeira, un pequeño pero bonito estadio  para 20.000 espectadores, ubicado en la ciudad portuaria de Santos, a 3o kilómetros de Sao Paulo.

El eje del fútbol mundial se desplazó de Barcelona a una ciudad intermedia de Brasil, gracias a un nuevo orden mundial del fútbol que aún se encuentra en etapas embrionarias, pero que poco a poco empieza a consolidarse.  El irrumpimiento de los cariocas como potencia económica,  y las repercusiones que tiene en el fortalecimiento de su fútbol local, ha permitido que Neymar no se destete de su tierra natal antes de tiempo.

Aunque a nivel de selecciones la Canarinha ha sido un poder casi autoritario, desde hace décadas la debilidad financiera de sus clubes ha convertido al fútbol brasileño en  una estantería  repleta de jóvenes promesas a precios de oferta, siempre rastrillada y absorbida con ferocidad por equipos de España, Portugal, Italia e Inglaterra. Pero ahora, la tendencia parece revertirse.

Hace unos años, nadie hubiera puesto en duda que Neymar estaría al otro lado del charco luego de unos cuantos goles en el brasileirao, dos o tres noches inspiradas en la Copa Libertadores y una oferta de 12 millones de dólares de algún equipo de media tabla en Inglaterra.

Sin embargo, durante los últimos 3 años, el Santos compró el pase de Neymar, rechazó ofertas por él del Barcelona, el Real Madrid, el Chelsea y el Manchester City,  y lo amarró hasta 2014,  con una cláusula anti europea de 75 millones de euros.

Aunque muchos juzgan esto como un capricho costosísimo, el club de Pelé lo planteó como un sacrificio momentáneo para consolidar una estrategia a largo plazo que traerá muchos y mayores beneficios que  la venta individual y apresurada de jugadores en ascenso.

Para retener a Neymar  en Brasil, el Santos hizo un monumental esfuerzo y compró el 55% de su pase (los grupos inversores brasileños DIS y TEISA son dueños del 45% restante)  pero logró convencer  a un grupo de nueve patrocinadores  para que paguen la mayor parte de su sueldo de 20 millones de dólares anuales,  uno de los más altos entre todos los futbolistas del planeta, según la prensa local.

El resultado: una jugada financiera magistral en la que todos ganan, pues mientras Neymar goza porque recibe en euros y gasta en reales, DIS y TEISA se regocijan por el precio creciente de su protegido y el Santos robustece sus arcas por márketing y venta de  derechos televisivos, el grupo de patrocinadores utiliza una de las figuras más reconocidas de su  país como gancho publicitario en un mercado de 200 millones de habitantes, de los cuales 130 se encuentran ad portas de conformar una de las clases medias más poderosas y numerosas del siglo XXI.

El caso de Neymar, sin embargo, es sólo una muestra de una tendencia financiera que empieza, poco a poco,  a consolidarse entre los clubes del gigante suramericano.

Una economía de dimensiones colosales, estable y en plena expansión como la brasileña, está permitiendo a sus equipos no sólo contar con recursos suficientes para retener a varias de sus nacientes estrellas (Neymar, Ganso) sino  para repatriar a varias de los suyos (Adriano, Ronaldinho, Deco, Wagner Love) adquirir otros extranjeros (Chen Zhizhao, Jesús Dátolo, Jorge Fucile, Jadson) y contratar técnicos de renombre con ofertas salariales nunca antes vistas.

Una reciente investigación de la revista Futbol Finance, reveló, por ejemplo,  que en el ranking de los 30 técnicos mejor pagados del mundo, varios se encuentran en Brasil. Luis Felipe Scolari, DT del Palmeiras, está ubicado en la posición 11 de la tabla con un sueldo anual de 3,6 millones de euros, mientras Muricy Ramalho (Santos), Abel Braga (Fluminense), Tite (Corinthians) y Dorival Júnior (Internacional) también aparecen en la lista.

La conformación de poderosas nóminas y cuerpos técnicos permitió a los equipos del brasileirao posicionarse como el sexto mercado mundial del fútbol, en cuanto a ingresos  por márketing y derechos televisivos,  desbancando al fútbol holandés y quedando a punto de quitarle el puesto al torneo francés en 2014. Según el director comercial del Corinthians, Luiz Paulo Rosenberg,  en Brasil aún están “gateando” en explotación económica por márketing, pero el futuro promete “facturaciones inéditas”.

El negocio, que durante AÑOS monopolizaron clubes del viejo continente, parece ponerse en sintonía con los flujos de dinero de diferentes actividades económicas que huyen de Europa y Estados Unidos para refugiarse no sólo en Brasil, sino en el grupo de los BRIC (Brasil, Rusia, India y China) y otros países emergentes, cuyas ligas locales también se están robusteciendo aceleradamente.

En Suramérica, por ejemplo,  algunos clubes tradicionales comienzan a darse el lujo de retener a sus jugadores insignia por más tiempo y  realizar contrataciones internacionales de mayor peso. Aunque la U. de Chile perdió varias de sus figuras luego de un 2011 abrumador en el que consiguió la doble corona local y la copa Suramericana, logró mantener una columna vertebral y realizó importantes compras para mantener su línea ascendente.

En Colombia, Atlético Nacional de Medellín gastó más de  10 millones de dólares en refuerzos (algunos hablan de 30) para disputar la presente Copa Libertadores, algo impensable para un equipo del torneo cafetero hace unos años.

Ambos países, “curiosamente”, sostienen tasas de crecimiento anuales cercanas  al 6 por ciento anual.

Si bien aún las cifras de ingresos globales por campeonato marcan una amplia brecha entre las ligas en desarrollo y las europeas, poco a poco españoles, ingleses e italianos empiezan a ver cómo brasileños, chinos, colombianos, rusos y chilenos  saborean pedazos de una torta que pocas veces habían compartido. Pero en plena crisis y con un futuro a corto y mediano poco alentador, Europa no puede hacer más que correr su asiento y dejar que otros muerdan lo que sus debilitadas muelas no logran devorar.

Ahora el mundo emergente pide su parte.

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Chile y sus deslices al pasado

25 May
Protesta en contra de la represa de Hidroaysén en Santiago de Chile

Protesta en contra de la represa de Hidroaysén en Santiago de Chile

Latinoamérica rema contra la espesa marea de una adicción absorbente. La obsesión por el pasado es su cocaína social.

Es una tentación enfermiza que con peligrosa frecuencia arrastra sus narices hacia las profundidades de controversias intrascendentes sobre sus antiguos líderes. De México hasta la Argentina, casi todos los países de la región han revolcado las tumbas de sus héroes nacionales periódicamente.

Hay un un afán frenético por trasladar despojos y honrar huesos, que pareciera ser, más bien, una cortina de humo tendida por la clase política para esconder sus innumerables fracasos.

El más famoso ( y patético)  ejemplo de este delirio, fue la exhumación del cadáver de Bolívar, apartado de su lecho por la paranoia del semi-dictador venezolano, quien una vez más acusaba al perrito faldero de Tío Sam -la oligarquía colombiana- de haber planeado, hace doscientos años, el homicidio de su ídolo.

Mientras un pre-orgásmico Chávez narraba el coreográfico desentierro de Simón a cargo de un grupo de funcionarios con trajes interplanetarios, Caracas continuaba en manos del hampa y Venezuela entera seguía pataleando en las aguas turbias de la híper inflación.

Pero la República Bolivariana no es la excepción. Casi todos los países latinos sufren esta adicción;  todos han estado (o están) obsesionados con reverdecer el pasado, traer debates infructíferos sobre conspiraciones bicentenarias y movilizar huesos a diestra y siniestra, mientras el presente corre frente a sus ojos y millones aún permanecen atrapados en las endémicas problemáticas de pobreza, desigualdad, corrupción y violencia.

Ni siquiera el éxito económico y social que Chile ha cosechado lo ha apartado de esa maña cultural, ese vicio idiosincrásico de gastar más energía en debatir sobre el pasado que sobre el presente y el futuro.

El pasado lunes 23 de mayo, los familiares del derrocado ex presidente Salvador Allende, abrieron las puertas de su mausoleo para que 12 investigadores determinaran que los restos allí depositados en efecto correspondían al ex presidente, así como para determinar si su muerte  se trató de un suicidio o un asesinato.

El izquierdista Partido del Socialismo Allendista, promotor de la medida, declaró en un comunicado que la exhumación era un asunto “de la mayor importancia histórica, jurídica y política”  y aludió a la enorme trascendencia que tendría  para la sociedad chilena “resolver las dudas y contradicciones en torno a la muerte violenta del presidente Allende”.

Si bien la memoria histórica es fundamental en la consolidación de una sociedad vigorosa (y sobre todo en un país como Chile, con un pasado tan convulso y marcado por la tragedia) valdría la pena preguntarse si la trascendencia “histórica de este hecho” supera en importancia los retos presentes que tienen en materia de reducción de desigualdad y eliminación de la pobreza.

¿Realmente vale la pena que la sociedad austral gaste tanta energía en determinar las causas de una muerte acontecida hace 40 años, por más trágica que haya sido? ¿No tienen sus políticos asuntos de actualidad más urgentes que atender?

Resbalando en el  pasado

Infortunadamente,  los fantasmas del pasado en Chile revolotean tanto en los debates sobre sus próceres como en sus decisiones políticas y económicas actuales. Porque es un verdadero anacronismo, un guiño a un pasado oscuro, la decisión que el gobierno de Sebastián Piñera tomó el pasado 9 de mayo respecto al polémico proyecto de Hidroaysén.

Ese día, el “carismático” presidente austral aprobó la instalación de cinco hidroeléctricas en la región patagónica de Aysen, cuya construcción destrurirá 5900 hectáreas de bosques en una de las mayores reservas naturales del planeta, deteriorará seis parques nacionales, 11 reservas nacionales, 26 sitios prioritarios de conservación, 16 humedales y 32 áreas protegidas.  Como si fuera poco, el tendido eléctrico para el transporte de energía hacia Santiago y otras regiones, supondrá la devastación de más de 30 millones de árboles en más de 2000 kilómetros de distancia, una tragedia que según el New York Times crearía la  mayor tala indiscriminada a nivel mundial.

Mientras que en el primer mundo la protección del medio ambiente se consolida como una temática primordial en la agenda política para asegurar el bienestar social,  Piñera impulsa una masacre ecológica que devolverá a su nación a los patrones nocivos de los estados sub-desarrollados, que amparándose en la búsqueda del progreso, están dispuestas a sacrificar el patrimonio natural de sus territorios sin importar las nefastas consecuencias a mediano y largo plazo.

Durante los últimos 15 años, Chile ha sido un modelo a seguir para muchos países de la región. Ha reducido dramáticamente sus índices de pobreza y ha creado una clase media vigorosa, sustentada en unas instituciones sólidas que alientan  un aparato productivo moderno y eficiente.

Sería decepcionante que estos viajes al pasado, en los que la clase política chilena reverdece debates históricos de poca utilidad y retoma decisiones propias del tercermundismo, pongan en duda a un país que recorre a toda velocidad el trayecto hacia el desarrollo.

Perú asusta a Latinoamérica

15 Abr
Toledo, Castañeda, Fujimori, Humala y Kuczynski. El Comercio

Toledo, Castañeda, Fujimori, Humala y Kuczynski. El Comercio

¿Hermanos peruanos, perdonen por la pregunta, pero ¿Se volvieron locos? ¿Realmente pasó eso? ¿De verdad?

Porque alguna explicación lógica tiene que haber. ¡Es que no tiene sentido!

¿Cómo carajos podremos entenderlo? ¿Cómo asimilar que ustedes mismos cargaron el revolver de sus victimarios? ¿ Por qué ataron a su país al trágico destino de escoger  entre “el sida y el el cáncer terminal” como dijo Mario Vargas LLosa?

¿Por qué , POR QUÉ, eligieron a Keiko Fujimori y Ollanta Humala?

¡Si el Perú era la nueva diva regional!  La niña mimada de analistas e inversores en Latinoamérica, el ejemplo de un país que estuvo sumido en la corrupción, el caos institucional, la violencia y la ignorancia hasta que sufrió una metamorfósis admirable, envidiable. En poco más de 10 años, construyó una economía sólida, boyante, con tasas de crecimiento superiores al siete por ciento anual que redujeron los índices de pobreza del 51 al 34%. Perú  era el país que doblegó al atraso y el estancamiento económico; el sitio donde todos queríamos invertir. Sí, todos, hasta sus “amados” chilenos.

Ustedes fueron  la adolescente de acné y frenillos que con los años se convirtió  en la chica de nuestro deseo; todos queríamos penetrar sus recursos, acariciar su mercado y   derramar millones de capitales encima de sus prósperas compañías.

Y ahí tenían a tres, sí, T-R-E-S  candidatos, que continuarían  con ese festín de lujuria económica que recorría los fértiles valles de su estabilidad macroeconómica. Al ‘Cholo Toledo’ seguramente le hubiera encantado.  ¿No fue acaso él quien empezó todo? ¿Las reformas, la estabilidad, la tan admirada responsabilidad económica? Fuera de las acusaciones faranduleras que lo señalaban de consumir alcohol como un ruso despechado en un invierno siberiano, ‘El Cholo’ aseguraba eso que tanto encantaba:  la continuidad de unas políticas que favorecían el  crecimiento, la llegada de capitales extranjeros  y la reducción de la pobreza .

¿Y el gringo Kuczynski? ¿Ese no era ministro de Toledo? También prometía cierta continuidad, y además preservaba la simpática tradición de los outsiders latinoamericanos de otorgar  un protagonismo desmedido a sus partes nobles como estrategia electoral  (En Colombia, Mockus es tan reconocido por sus extravagancias como por la palidez de sus nalgas; en Perú,  Kuczynski recibió un sorpresivo apretón testicular en el Callao, y seguramente en Argentina alguien frotara los pezones de su candidato preferido).

Bueno, ¿y Castañeda? Bah, Castañeda no importa, no iba ganar.  ¡Pero era de lo mismo! Ese también hubiera funcionado.

Lo importante es que tenían a esos tres candidatos. Tres que que indicaban el camino correcto, el de menor riesgo, el de la continuidad.

Pero no, por alguna razón que aún no comprendo, ustedes, queridos hermanos peruanos, decidieron escoger el sendero que conduce al precipicio de la muerte cancerígena o sidosa que advirtió Vargas LLosa.  Y por eso el próximo 5 de junio escogerán entre  la heredera del presidente que destruyó la institucionalidad del Perú (Keiko Fujimori) y un autócrata chavista disfrazado de  socialdemócrata brasilero (Ollanta Humala).

¿Qué pasó para que hubieran escogido tan mal? ¿ Podremos entender por qué  decidieron entregar el revolver a una pareja de ciegos epilépticos y no a tres francotiradores profesionales?

¿Por qué arruinaron todo si habían logrado tanto?

Tal vez había un par de lunares, pequeños derrames, gotas oscuras en medio de este  mar de inversiones y despegue económico, como que el 35%  de los peruanos aún continuaban en la pobreza, uno de cada tres no tenía acceso a agua potable,  dos de cada tres niños sufrían de desnutrición crónica y  únicamente un 30%  aún no tenía acceso a la educación.

¿Acaso arriesgaron todo lo que lograron… sólo por eso?  ¿Que droga se metieron antes de votar?

Porque ustedes, amigos peruanos, están a punto de acabar el festín. Y de paso, aplastar la euforia de  nosotros, sus vecinos. Desde la Patagonia hasta la frontera del Río Grande,  todos los que bailamos al ritmo del libre mercado y la inversión extranjera estamos desconsolados; la que más disfrutaba apagó la música, prendió las luces y se subió la falda.

¿Por qué? ¿ Sólo porque unos cuantos permanecían al margen del desarrollo? Pero es que ¡Dios mío! ¡Esta locomotora no puede  esperar al paso de burro de pobres y miserables! ¿ Ahora cómo quieren que sigamos bailando? ¿Aaahh? ¿Cómo?

Por su culpa, el resto de Latinoamérica suda, frotas su manos  y rasca su cabeza.  Estamos incómodos. Nerviosos. No sabemos dónde sentarnos o qué hacer.

Todo, porque  la niña linda decidió apagar la música.

De corazón, gracias por terminar la fiesta.

*Antes que nada, quisera disculparme con mis lectores por esta larga ausencia; deberes académicos me impidieron continuar momentánemanete con mis escritos. Ahora, Glocalia vuelve sin interrupciones. Adicionalmente, quisiera recomendarles la obra de Emilio Flores  un genial artista mexicano que le da una vuelta de tuerca a la violencia en México. ¿Qué tal les parece?

Colombia es pasión (asesina)

6 Ene

Imágenes de Colombia es Pasión y El Espectador

Es poco probable que Proexport  encontrara un eslogan más preciso para la marca comercial de nuestra nación.

Colombia es un país amable y cálido, lleno de valles y montañas preciosas infestadas de asesinos y narcos de norte a sur. Regalamos besos y abrazos con la misma facilidad que rompemos a puños al que nos estrella el carro o al que mira más de la cuenta a nuestra novia.

Somos, en pocas palabras, un país hermoso y matón. Desde la conquista, pasando por la independencia hasta llegar a nuestra era republicana, la historia colombiana ha estado marcada por un sino violento y optimista que muchas veces confunde la sangre con las sonrisas.

En las fechas especiales, cuando brotan profundas emociones del individuo, esta particular dicotomía de nuestro carácter aflora con mayor intensidad.

El 31 de diciembre de 2010, Colombia festejó los doce campanazos del año nuevo con uvas, cuchillos, navajas, puños y patadas, como es usual. Fueron registrados 35 homicidios y más de 4000 riñas en una sola noche, mientras que en Argentina, un país con una población ligeramente inferior en número a la nuestra, contabilizaron sólo tres muertes y 200 incidentes violentos (entre peleas, accidentes de tráfico y hasta heridas inflingidas por corchos).

La cumbre de este sangrienta celebración llegó con la muerte por balas perdidas de dos niños y la hospitalización de otros dos que tuvieron la mala fortuna de vivir cerca de un macho apasionado, de esos que abundan en nuestro país y que sólo pueden expresar la euforia de un año nuevo con el golpeteo de los disparos y el sabor anisado del aguardiente.

Sin embargo, este no es un fenómeno exclusivo de fechas decembrinas o cumpleaños. Sólo en los últimos diez años más de 1000 personas han perdido la vida por culpa de una bala sin destinatario fijo, casi el doble de los decesos violentos que anualmente se reportan en Barranquilla.

Porque aquí todo es pasión, todos los meses, de lunes a domingo, 24 horas al día.

Medellín, el ejemplo más resonante de esta esquizofrenia cultural, tiene una tasa de homicidios de 93 muertos por cada 100 mil habitantes. Si la ciudad de la eterna primavera fuera un país, desbancaría al rey de homicidios mundial, Guatemala, que caería al segundo lugar con 71 muertos por cada 100 mil habitantes.

Pero en la famosa guía de viajes Lonely Planet, la capital de Antioquia es descrita como una urbe reconocida por su “calidez y amabilidad” dentro de la “ultra amistosa Colombia”, que tampoco escapa a esta terrible paradoja.

En el ranking “Happy Planet Index”, un índice desarrollado por la prestigiosa New Economics Foundation para medir la felicidad de los habitantes en sus estados de acuerdo a criterios sobre expectativa de vida, percepción subjetiva de felicidad y huella ecológica, ocupamos el sexto lugar entre los más felices, pero también clasificamos entre los diez primeros en número de homicidios per cápita (32 por cada 100 mil).

Embarcados en este vaivén continuo entre el derrame de sangre y la felicidad desbordada, pasó de agache una noticia publicada en El Tiempo la semana pasada.  El 37 por ciento de las muertes en nuestro país (5638) no fueron culpa de paras o guerrilla sino de las riñas y la  intolerancia ciudadana. Ni si quiera en el temible Irak, con 4644 víctimas mortales, tantas personas pierden su vida por “empute”, porque “me sacó la piedra” o porque hay que celebrar, carajo.

Es esa constante excitación, esas ganas de rompernos el cuerpo a golpes y sorbos de aguardiente, esa emoción por algo que aún no hemos logrado descubrir pero que tiene raíces profundas en nuestra idiosincracia, la que nos ha convertido en una nación asesina por excelencia. Y las cifras lo demuestran.

Por eso, querido lector, es que nuestro país es un cagadero y todavía está muy lejos de abandonar ese título que bien merece.

Porque de nada nos sirve tener el mejor café del mundo mientras nos sigamos acabando a bala y machete.

La catalanidad del Barça, a la sombra del 5-0 al Real Madrid

4 Dic

Cuando Jeffrén Suárez marcó el último gol, explotó en su cara una sonrisa infantil, alzó las manos y pidió a Messi, a Villa, a Piqué, a los once titulares del Barcelona, que lo acompañaran para celebrar el tanto definitivo de una noche épica.

Era el el quinto, el que redondeaba una goleada perfecta al peor rival, al más odiado, al que parecía más difícil y fortalecido que nunca por el embrujo Mourinho. Jeffrén corrió y se dejó absorber por una avalancha humana cerca del banquillo blaugrana.

Pero a su alrededor, una euforia desmedida contagiaba a los hombres del Barça. La televisión capturaba saltos de felicidad del cuerpo técnico mientras  un radiante Gerard Piqué  abría el puño de su mano para que todas las cámaras contaran los cinco dedos, símbolo automático de la goleada que se tragaba el Madrid.

La secuencia concluía con un Víctor Valdés delirante. Gritaba con rabia el gol, mientras agarraba entre sus manos las redes de su arco sacudiéndolas violentamente.

Sin lugar a dudas,  la celebración desbordaba ampliamente la euforia de un clásico liguero. ¿Qué tipo de partido era este?

La emoción remitía, mas bien, a la pasión y el orgullo desatados en un duelo de selecciones nacionales, como un clásico de la plata o un Brasil – Argentina.

Y en las graderías del Camp Nou se vivía así. 99.000 espectadores alzaban al cielo papeles rojos y amarillos dispuestos en inmensas columnas que delineaban la bandera de Cataluña, mientras estallaban cánticos nacionalistas y ofensas al rival.

Y por años ha sido así. Porque para millones de catalanes, este no es un partido más, no es otro clásico; es una batalla entre naciones. Cada encuentro es un capítulo más en su disputa con España. Ninguna otra institución social, económica o política ha recogido ese sentimiento como el F.C. Barcelona.  Es su selección de facto y el soporte más mediático de su identidad, un papel reforzado durante las dictaduras de Miguel Primo de Rivera y Francisco Franco.

Més que un club, señor Franco

Durante sus mandatos, caracterizados por la represión y el ataque a las lengua y cultura catalana, el césped del antiguo estadio de Les Corts era uno de los pocos lugares donde los habitantes de este territorio podían librar guerras y vengarse de sus opresores; en las tribunas rugía el descontento contra las dictaduras y el poder simplificador y centralista de España.

El primer chispazo de rebeldía ocurrió en Les Corts en 1924,  cuando 14.000 catalanes abuchearon la Marcha Real, el himno de España, y exhibieron pancartas críticas contra la dictadura del general Primo de Rivera

Iracundo, Primo de Rivera ordenó su clausura durante seis meses y expulsó del país al presidente del club, Joan Gamper. Años más tarde, el resentimiento catalán se reforzaría, cuando en los primeros días de la Guerra Civil Española las fuerzas de seguridad del dictador Francisco Franco asesinaron a Josep Sunyol, político independentista, de izquierda y presidente del F.C. Barcelona.

Durante el mandato de Franco, fueron prohibidas banderas y apologías a la cultura catalana para fomentar el centralismo y la unificación del territorio español alrededor de la hispanidad.

Fue en esta época cuando se consolidó la frase insignia del Barça “més que un club“, una corta sentencia que ejemplificaba los valores de un club que rechazaba el mandato opresivo  y totalitario de Franco, cuyo portavoz deportivo era el equipo blanco de Madrid.

Aunque su activismo político se suavizó una vez  la democracia retornó a España en 1978, el Barcelona remozó sus destellos nacionalistas desde 2003, cuando el abogado Joan Laporta asumió la presidencia del club y  le devolvió el prestigio mundial.

Laporta, un catalanista absoluto,  potenció el independentismo en la entidad y jamás ocultó sus deseos de promover políticamente “los derechos y libertades de su nación” a través del poderío mediático y social del Barça.

Sus éxitos deportivos,  y el reconocido sello radical que le imprimió a su administración, le permitió lanzar con éxito su propio partido -Democràcia Catalana un proyecto pro independentista que ya obtuvo cuatro escaños en las pasadas elecciones al Parlament de Catalunya.

Su legado político en el Barça, sin embargo, permanecerá intacto ya que su heredero, el empresario Sandro Rosell, fue miembro antiguo del extinto  Partido Independentista Catalán y parece no querer dar marcha atrás en la utilización del equipo blaugrana como plataforma hacia la secesión.

De hecho, parece que Rosell dio luz verde a la decisión de su antecesor para que el Camp Nou aloje las votaciones de un referendo independentista en marzo de 2011.

Aunque muchos consideran que Laporta se extralimitó al radicalizar la posición del club,  por las venas del Barcelona fluye el espíritu de la cultura catalana, y esto incluye a quienes entienden al club como la punta de lanza del camino a la separación.

Por eso habría que preguntarse si la “masacre” del pasado lunes fue producto únicamente de  la superioridad futbolística de los culés. Posiblemente algo más empujaba, fuera de la rivalidad enfermiza entre ambos equipos.

¿Acaso no parecía que Messi y compañía defendían los colores de una nación?

Sobre presidentes, marihuana y reactores nucleares

4 Nov

Uno que se fue y otra que llega…

Argentina despidió a Nestor Kirchner como el hombre que la rescató del infierno. Sus ojos saltones y silueta descolgada escondían a un político feroz, capaz de asumir las riendas de un país devastado por un descalabro económico sin precedentes.

Durante su gobierno (2003 – 2007) reactivó la economía argentina,  disminuyó la pobreza al 33% -luego de haberse trepado al 56% en el clímax del corralito- y reforzó la debilitada institucionalidad.

Señalado por muchos como déspota e híper-presidencialista,  Kirchner fue un ejemplar de esa particular camada de gobernantes suramericanos que durante la última década se han caracterizado por tener altas tasas de popularidad, proyectos políticos ambiciosos, discursos ultra democráticos y gobiernos semi-autoritarios.

Fuera de sus aciertos y escándalos, que incluyeron casos de espionajes y persecución a medios y oposición, Kirchner murió y dejó a Argentina sin su político más poderoso e influyente. Su legado aún está en construcción, pero en la memorias de los gauchos dormirá como el hombre que levantó a su país de las cenizas.

Brasil, por otra parte, recibió con serenidad la victoria de Dilma Rousseff en las elecciones presidenciales de la semana pasada.

Rousseff no derrocha carisma, es tosca y no tiene experiencia en cargos de elección popular. Pero bastó el apoyo de Luiz Inácio Lula da Silva, el presidente más popular de toda la historia en Brasil, para que derrotara con comodidad a su adversario socialdemócrata, el economista José Serra.

Su elección fue una luz verde para continuar con las exitosas políticas económicas y sociales de su antecesor. A pesar de su poca gracia (a diferencia del regordete y carismático Lula) la “dama de hierro”, como es conocida en su país, recibió el 56 % de los votos gracias al impulso de su mentor y el liderazgo que ejerció como Ministra de energía y jefa de Gobierno.

Desde el próximo 1 de enero, quedan en sus manos la octava economía mundial, 200 millones de personas, un mundial de fútbol y, si le va bien, unos juegos olímpicos. Pequeño reto, ¿no?

California todavía no se la fuma…

El mundo estuvo a punto de asistir a la marcha fúnebre de la actual política anti-drogas. Si la propuesta que buscaba despenalizar la producción, el consumo y la comercialización de la marihuana en California hubiera sido aprobada por sus  habitantes, hoy estaríamos en un caos diplomático y político de proporciones gigantescas.

¿Cómo enfrentarse a un enemigo legitimado en el país cuna de la lucha anti drogas? ¿ Si es permitido cultivarla ahí, por qué no en México?¿ Y con la coca en Colombia? ¿Y la amapola en Afganistán? ¿No se ahorraría cada uno de estos países unos cuántos problemas si el control de la producción estuviera en manos del Estado? ¿No caería el precio de la droga? ¿No se ahogaría la financiación de mafias y los violentos?

¿No sería todo… un poquito mejor?

Si la propuesta 19 hubiera sido aprobada, estaríamos presenciando la germinación de una política anti drogas radicalmente opuesta a la actual. El respaldo constitucional de uno de los estados más ricos y progresistas de EE.UU la avalaría.

La óptica represiva y militar se transformaría gradualmente en una política integral de salud pública. Inevitablemente,  los presupuestos nacionales reducirían su aporte en defensa y aumentarían el gasto en prevención y educación sobre consumo.

Posiblemente, los países productores reducirían las muertes violentas a medida que los precios de la droga en el mercado se redujeran y aumentara el control estatal sobre los cultivos de coca, amapola y marihuana. El combustible de narcos, guerrillas  y terroristas insurgentes  se agotaría, y el gasto militar  se trasladaría a programas de reducción de pobreza y prevención de consumo.

Un panorama feliz, pero que aún está lejos de ser una realidad. Uno de los principales obstáculos surge en el mismo vientre de la sociedad; el rechazo moral al consumo de drogas aún impide a gobiernos progresistas asumir posturas más laxas. Y eso sigue costando miles de vidas de campesinos e indígenas en México, Colombia y Afganistán.

Pero con la muerte de la propuesta 19 brotó la primera oferta concreta alrededor de un debate que cuestiona, con muchos argumentos, la actual política anti drogas.  ¿Será que California abrió la puerta definitivamente?

Chávez nuclear

Es increíble que el anuncio de Hugo Chávez sobre un acuerdo con Rusia para construir un reactor nuclear en territorio venezolano haya pasado tan desapercibido. El continente debería estar escandalizado ante la posibilidad que el gobernante más beligerante e inestable de Latinoamérica  tenga la posibilidad de desarrollar armas nucleares en su propio territorio (que a nadie le venga con el cuento que no lo va a hacer).

Cuando Colombia firmó el acuerdo que le permitía a Estados Unidos el uso de siete bases militares, todo Suramérica reaccionó como si se tratara de una declaración de guerra.

Pero ante la posibilidad de una Venezuela nuclear ( y chavista, que es peor) parece que no hay mayor problema. Es preferible aceptar las peligrosas estupideces de Chávez antes que protestar. Todo por que su billetera es la más  jugosa y “generosa” en la región.

Esta semana, la Asamblea Nacional del país petrolero aprobó la ley para construir el reactor nuclear de carácter “pacífico”. El proyecto ya está en marcha. Y no ha habido ni un sólo grito de protesta oficial de ningún país en Latinoamérica.

Si la demencia de Chávez no es suficiente argumento para atemorizar, por lo menos debería aterrorizar su reconocida ineptitud. Si ya despedazó a la poderosa PDVSA y al aparato agrícola de Venezuela, se imaginan un reactor nuclear en manos de un líder especializado en destruir lo que toca? ¿Les suena Chernobil?

Wikileaks, el soplón más incómodo del mundo

25 Oct
Julian Assange, editor en jefe y actual director de Wikileaks (AFP)

Julian Assange, editor en jefe y actual director de Wikileaks (AFP)

El 22 de octubre de 2010 Estados Unidos quedó desnudo ante la opinión pública. 400.000 archivos secretos de la invasión a Irak salieron a flote y descubrieron con detalle las infamias del ejército norteamericano durante los últimos seis años.

Si usted lo desea, puede consultar ya mismo cada uno de los informes que  registran ataques, asesinatos y torturas de la guerra más polémica en toda la historia.

La información -para que no se preocupe- está protegida en un búnker nuclear enterrado en las colinas de Estocolmo; Wikileaks se toma sus precauciones y un refugio soviético se ajusta a los requerimientos de seguridad que el soplón más poderoso del mundo necesita ante el enfado del Pentágono.

Wikileaks para Dummies

Wikileaks tiene cientos de colaboradores, donantes poderosos y miles de miembros que lo nutren con documentos secretos de todo el mundo.El sitio web publica estos archivos, garantiza el anonimato de sus fuentes y se escuda en leyes de protección a la libertad de opinión e información ante cualquier intento de bloqueo o amenaza.

Además, cuenta con servidores distribuidos en todo el mundo -como el de Suecia- que garantizan que el sitio web se mantenga online ante cualquier ataque cibernético o físico.

Pero los poderosos del mundo lo aborrecen. Y con toda razón. Estados Unidos, por ejemplo, lo acusa de poner en riesgo a sus militares en Irak y Afganistán al revelar detalles operativos y tácticos que quedan a disposición  de cualquier talibán o miembro de Al Qaeda.

En el resto del mundo, cientos de gobernantes se aterorrizan ante un posible escenario en el que sus secretos más oscuros son revelados por una web que legitima su acción en el derecho a informar, uno de los pilares de la civilización occidental.

Países como México y Colombia, sólo por nombrar algunos de la región, podrían tener en riesgo acciones en contra del narcotráfico que muchas veces requieren del mayor secretismo.

Por último, las empresas multinacionales tampoco parecen estar muy cómodas con la posibilidad de encontrar sus secretos corporativos expuestos en documentos filtrados y amparados en derechos informativos.

Sin embargo, el director de Wikileaks, Julian Assange, defiende la publicación de textos reservados asegurando que todos tienen derecho a conocer la verdad.

En el caso de la guerra de Irak, Assange aseguró que “la primera víctima de la guerra es la verdad” y que con esto esperaba “corregir algunos de los ataques a la verdad ocurridos antes de la guerra, durante la guerra y que continúan desde que oficialmente concluyó”.

Mala verdad, buena mentira

La furiosa polémica que está generando Wikileaks y sus revelaciones enfrenta dos posiciones que definirán el futuro de las democracias: el secreto como promesa de estabilidad o lo público como garantía de transparencia.

Ambas acarrean riesgos y oportunidades, pero, de cualquier manera,  son demasiado peligrosas para que alguna se convierta en una verdad absoluta.

Mientras tanto, la angustia carcome a Obama y a los gobernantes del mundo que esperan la próxima filtración que remueva todos sus secretos.