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Sobre presidentes, marihuana y reactores nucleares

4 Nov

Uno que se fue y otra que llega…

Argentina despidió a Nestor Kirchner como el hombre que la rescató del infierno. Sus ojos saltones y silueta descolgada escondían a un político feroz, capaz de asumir las riendas de un país devastado por un descalabro económico sin precedentes.

Durante su gobierno (2003 – 2007) reactivó la economía argentina,  disminuyó la pobreza al 33% -luego de haberse trepado al 56% en el clímax del corralito- y reforzó la debilitada institucionalidad.

Señalado por muchos como déspota e híper-presidencialista,  Kirchner fue un ejemplar de esa particular camada de gobernantes suramericanos que durante la última década se han caracterizado por tener altas tasas de popularidad, proyectos políticos ambiciosos, discursos ultra democráticos y gobiernos semi-autoritarios.

Fuera de sus aciertos y escándalos, que incluyeron casos de espionajes y persecución a medios y oposición, Kirchner murió y dejó a Argentina sin su político más poderoso e influyente. Su legado aún está en construcción, pero en la memorias de los gauchos dormirá como el hombre que levantó a su país de las cenizas.

Brasil, por otra parte, recibió con serenidad la victoria de Dilma Rousseff en las elecciones presidenciales de la semana pasada.

Rousseff no derrocha carisma, es tosca y no tiene experiencia en cargos de elección popular. Pero bastó el apoyo de Luiz Inácio Lula da Silva, el presidente más popular de toda la historia en Brasil, para que derrotara con comodidad a su adversario socialdemócrata, el economista José Serra.

Su elección fue una luz verde para continuar con las exitosas políticas económicas y sociales de su antecesor. A pesar de su poca gracia (a diferencia del regordete y carismático Lula) la “dama de hierro”, como es conocida en su país, recibió el 56 % de los votos gracias al impulso de su mentor y el liderazgo que ejerció como Ministra de energía y jefa de Gobierno.

Desde el próximo 1 de enero, quedan en sus manos la octava economía mundial, 200 millones de personas, un mundial de fútbol y, si le va bien, unos juegos olímpicos. Pequeño reto, ¿no?

California todavía no se la fuma…

El mundo estuvo a punto de asistir a la marcha fúnebre de la actual política anti-drogas. Si la propuesta que buscaba despenalizar la producción, el consumo y la comercialización de la marihuana en California hubiera sido aprobada por sus  habitantes, hoy estaríamos en un caos diplomático y político de proporciones gigantescas.

¿Cómo enfrentarse a un enemigo legitimado en el país cuna de la lucha anti drogas? ¿ Si es permitido cultivarla ahí, por qué no en México?¿ Y con la coca en Colombia? ¿Y la amapola en Afganistán? ¿No se ahorraría cada uno de estos países unos cuántos problemas si el control de la producción estuviera en manos del Estado? ¿No caería el precio de la droga? ¿No se ahogaría la financiación de mafias y los violentos?

¿No sería todo… un poquito mejor?

Si la propuesta 19 hubiera sido aprobada, estaríamos presenciando la germinación de una política anti drogas radicalmente opuesta a la actual. El respaldo constitucional de uno de los estados más ricos y progresistas de EE.UU la avalaría.

La óptica represiva y militar se transformaría gradualmente en una política integral de salud pública. Inevitablemente,  los presupuestos nacionales reducirían su aporte en defensa y aumentarían el gasto en prevención y educación sobre consumo.

Posiblemente, los países productores reducirían las muertes violentas a medida que los precios de la droga en el mercado se redujeran y aumentara el control estatal sobre los cultivos de coca, amapola y marihuana. El combustible de narcos, guerrillas  y terroristas insurgentes  se agotaría, y el gasto militar  se trasladaría a programas de reducción de pobreza y prevención de consumo.

Un panorama feliz, pero que aún está lejos de ser una realidad. Uno de los principales obstáculos surge en el mismo vientre de la sociedad; el rechazo moral al consumo de drogas aún impide a gobiernos progresistas asumir posturas más laxas. Y eso sigue costando miles de vidas de campesinos e indígenas en México, Colombia y Afganistán.

Pero con la muerte de la propuesta 19 brotó la primera oferta concreta alrededor de un debate que cuestiona, con muchos argumentos, la actual política anti drogas.  ¿Será que California abrió la puerta definitivamente?

Chávez nuclear

Es increíble que el anuncio de Hugo Chávez sobre un acuerdo con Rusia para construir un reactor nuclear en territorio venezolano haya pasado tan desapercibido. El continente debería estar escandalizado ante la posibilidad que el gobernante más beligerante e inestable de Latinoamérica  tenga la posibilidad de desarrollar armas nucleares en su propio territorio (que a nadie le venga con el cuento que no lo va a hacer).

Cuando Colombia firmó el acuerdo que le permitía a Estados Unidos el uso de siete bases militares, todo Suramérica reaccionó como si se tratara de una declaración de guerra.

Pero ante la posibilidad de una Venezuela nuclear ( y chavista, que es peor) parece que no hay mayor problema. Es preferible aceptar las peligrosas estupideces de Chávez antes que protestar. Todo por que su billetera es la más  jugosa y “generosa” en la región.

Esta semana, la Asamblea Nacional del país petrolero aprobó la ley para construir el reactor nuclear de carácter “pacífico”. El proyecto ya está en marcha. Y no ha habido ni un sólo grito de protesta oficial de ningún país en Latinoamérica.

Si la demencia de Chávez no es suficiente argumento para atemorizar, por lo menos debería aterrorizar su reconocida ineptitud. Si ya despedazó a la poderosa PDVSA y al aparato agrícola de Venezuela, se imaginan un reactor nuclear en manos de un líder especializado en destruir lo que toca? ¿Les suena Chernobil?